La comunicación … tan fácil y tan difícil.


Si entendemos por comunicación a esos actos diarios que tenemos con nuestra pareja, amigos, clientes, el señor de la tiendita, o incluso, con uno mismo, pareciera que no hay mucho más que decir acerca del tema, pues la comunicación es algo que sucede de manera natural, se da ¡y ya está! Por otro lado, pensándolo dos veces, la comunicación, ese acto tan cotidiano y que practicamos todos los días, puede ser causa de nuestra angustia, sufrimiento e infelicidad.


El no lograr con nuestra comunicación la comprensión de los demás, puede ser doloroso y frustrante.

Lo que suponemos de la comunicación.

Algunas dificultades de comunicación inician mucho antes de que suceda el encuentro entre dos personas. Estos fallos anticipados se cocinan en las ideas preconcebidas que se tienen de la comunicación. Sería útil revisar algunas de ellas para repensarlas.


Supuestos de la comunicación:


1. Sí puedo hablar, puedo comunicarme.

Pareciera que tener la capacidad física para producir palabras, es garantía total de que podemos comunicarnos con cualquier persona y en cualquier situación (Ceberio, 2006, pp. 32) Sobre todo, cuando le damos un peso importante a la palabra hablada, dejando en segundo plano otros universos de interacción, como el de la comunicación analógica, es decir, todo aquello que no es hablado, gestos, miradas, expresiones, señas etc.


La práctica nos muestra que no es suficiente saber armar palabras, se requiere algo más, y no sólo técnicas de comunicación, sino una disposición básica a prestar atención a las conversaciones, en especial con aquellas personas que son significativas y con quienes necesitamos una mayor comprensión mutua.


2. ¿Entiendes español o Estoy hablando en chino?

Un idioma es un conjunto de palabras, significados y costumbres que un grupo de personas comparten. En teoría, hablar un mismo idioma debería garantizar entendimiento. Sin embargo, la práctica también nos dice que no es así. Y no comprendemos las confusiones entre personas que comparten una misma nacionalidad, un mismo idioma, o incluso una misma familia.


Pareciera que nuestro lenguaje es algo objetivo, una serie de reglas que simplemente hay que aprender, y que este aprendizaje sucede de manera igual para todas las personas, así, la palabra amor, debe significar lo mismo para todos los mexicanos. Sin embargo, esta idea simplificada del lenguaje, deja fuera la capacidad única, exquisita y multidimensional que tiene el ser humano para crear sus propios significados a partir de los significados de los demás. No, no hay un único significado de la palabra amor. No estaría demás, siempre preguntar, ¿Qué estás diciendo cuándo dices amor?


3. Te conozco como la palma de mi mano

En un taller de Desarrollo Humano, se pidió a los asistentes tener disponibles una hoja, tomar un lápiz con la mano dominante y dejar la otra mano con el puño cerrado. Enseguida se les pidió que dibujaran la palma de su mano que estaba cerrada, nadie pudo hacerlo.

“Te conozco como la palma de mi mano”, es una frase común para decir que se conoce lo suficiente a una persona para predecir, o incluso adivinar sus pensamientos y futuras acciones. En la comunicación la familiaridad es de mucha ayuda, pues con el tiempo podemos interpretar señales para saber cómo está el otro (Ceberio, 2006, pp. 24), sin embargo, siempre habrá un aspecto novedoso y sin precedentes. Una actitud útil es estar atentos y preguntar antes de afirmar lo que vemos o percibimos. Dejar al otro mostrar sus novedades y cambios a través del tiempo, es una actitud básica de respeto que deja espacio al asombro, un aspecto importante para renovar las relaciones.


4. ¡No entiendo tu actitud!

Es típico pensar la comunicación como un acto lineal, donde alguien habla y el otro responde. Generalmente nos enfocamos en la respuesta de nuestro interlocutor, en especial, si esta es desagradable. Nos indigna y sorprende porque no comprendemos la reacción del otro, parece que el resultado de esa comunicación surgió de la nada o de la “mala” manera de ser del otro (Ceberio, 2006, pp. 26-27).


Desde una visión distinta, la comunicación más que un acto lineal, es vista como un acto circular, donde cada persona influye con sus palabras, gestos, tono de voz, postura, etc. en el resultado de la interacción, sin embargo, esta influencia mutua no es notada, o sólo se ve lo que ha hecho el otro y así, cada parte le atribuye el resultado a su interlocutor, es común ver discusiones como esta, -¡Me enoja tu poca iniciativa!, el otro responde, -¡tengo poca iniciativa por tu forma de enojarte!, entrando en un bucle sin fin de culpas y reclamos. Una pregunta útil podría ser ¿Qué aporto yo al resultado de mis comunicaciones con los demás?

Algunos caminos útiles

Dar recetas fáciles y cortas, podría reafirmar el supuesto de la simplicidad de la buena comunicación. Sin embargo, tampoco se pretende hacerla rebuscada o inaccesible, sólo se busca tener presente la importancia de poner atención y cuidado a nuestras interacciones. Así que más que recetas, son sólo guías o senderos ya transitados que pueden ser de ayuda.


Se puede compartir dos ideas, la primera, la comunicación requiere atención, atención a la palabra dicha, al contenido de estas, pero también a lo no dicho verbalmente, un buen comunicador tiene un amplio espectro de atención. Es simplemente observar más al otro y a uno mismo, como protagonistas de una relación de influencia mutua.


Otra idea importante, es la pregunta, que puede ser antídoto al bloqueador favorito de la comunicación, el suponer. Suponer es una interpretación sin validar lo que dice y hace el otro. Preguntar clarifica, confirma o desconfirma nuestras interpretaciones, la cuales hacemos no desde la objetividad, sino desde nuestras ideas preconstruidas a través de nuestra historia y la historia que tenemos con la persona que interactuamos en ese momento. Interpretar o predecir es una inclinación natural, que nos ha permitido evolucionar como especie, sin embargo, en algunas circunstancias humanas conviene dejar un espacio al otro para que nos comparta sus significados y juntos crear un espacio de comprensión.

Bibliografía

Ceberio, M. (2006). La buena comunicación: Las posibilidades de la interacción humana (2nd ed.). Barcelona: Paidós.

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